JACQUELINE GOLDBERG: VEINTE AÑOS DE POESÍA

El 31 de enero de 1983 se iniciaría el Taller de Expresión Literaria del Centro de Bellas Artes, bajo la coordinación de Néstor Leal, quien había sido uno de los integrantes del afamado Grupo “Apocalipsis”, de renovación literaria en la región zuliana. En ese cenáculo literario se reunían: Mario Labarca, Javier Rondón, Paula Rivero, Inés Gabriele, Jesús Ángel Parra, Bernardo Martín, Beatriz Pineda de Sansone, Emperatriz Arreaza, María de Wenger, Luis Guillermo Hernández y Jacqueline Goldberg. Jacqueline Goldberg Kapuschewski, nacida en Maracaibo el 24 de noviembre de 1966, tenía escasamente dieciséis años cumplidos y escribía desde su niñez y muy pronto sobresaldría en la agrupación por su tenacidad en dominar el brioso potro de la poesía, con tendencia al erotismo. Desaparecido ese taller en marzo de 1984, por la designación de Leal para dirigir Monte Ávila Editores, Jacqueline se iba a incorporar al Taller “Octavio Paz”, que funcionaría en mi domicilio en la calle 72, muy cerca del suyo y al Taller Literario de la Secretaría de Cultura del Estado Zulia, coordinado por Jorge Luis Mena y donde publicaría su primer poemario Treinta soles desaparecidos, al iniciarse el año 1986, mientras el Papel Literario de El Nacional y periódicos locales como Crítica, le abrían sus páginas, para recoger sus creaciones. Así, empezaría un largo camino de dos décadas de escritura y poesía, que la han convertido en una figura imprescindible al hablar de poesía en Venezuela y con proyección hacia otros países, como Rumania, España, Puerto Rico, Estados Unidos, Perú, Cuba y México, entre otros. Su obra está caracterizada por la brevedad de los textos, propia de su generación, con intensidad y concentración en el lenguaje, dominando la palabra como instrumento, con sus rasgaduras existenciales y experiencias familiares evocadoras, con su dosis de erotismo y desarraigo. Ella misma ha expresado que tres ejes temáticos han atravesado, desde siempre, su trabajo poético: La conciencia del mundo, la visión femenina y la familia. Ese producto prodigioso de veinte años de poesía de gran calidad, acaba de ser recogida por la Universidad Simón Bolívar en su Editorial “Equinoccio”, conjuntamente con la Editorial “Boker”, bajo el título Verbos Predadores. Poesía reunida 2006 / 1986, donde se incluyeron, en sentido inverso a su creación: Verbos predadores, escrito entre 2003 y 2006 e inédito hasta ahora; Autopsia, publicado fragmentariamente en 2006; El orden de las ramas, editado en Madrid en 2003; La salud, Premio de Poesía “Caupolicán Ovalles” de la Bienal de Literatura Mariano Picón Salas, Mérida, 2000 y publicado en 2002; Víspera, editado en 2000; Insolaciones en Miami Beach, editado en 1995; Trastienda, Finalista Casa de las América, Cuba, 1990 y publicado en 1991; Máscaras de familia, Mención Premio de Poesía de Fundarte, 1990 y publicado en 1991; A fuerza de ciudad, Mención Premio de Poesía de Fundarte, 1987 y publicado en 1989; Luba, Mención de Honor Concurso de Poesía de la Casa de la Cultura de Maracay, editado en 1988; En todos los lugares, bajo todos los signos, Segundo Premio Concurso Literario del Vicerrectorado Académico de la Universidad del Zulia en 1986 y publicado en 1987; De un mismo centro, Mención Concurso de Poesía Año Internacional de la Poesía de la Universidad del Zulia en 1985 y publicado en 1986; Treinta soles desaparecidos, escrito en 1985 y publicado al principio de 1986. En 2003, la Universidad Católica Cecilio Acosta, había editado una pequeña antología de su poesía, organizada por ella misma, con el título Una sal donde estoy de pie Licenciada en Letras por la Universidad del Zulia en 1990 y Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Central de Venezuela en 1998, no solamente ha incursionado en la poesía, sino también en la literatura infantil, la narrativa, el ensayo, el reportaje, el género testimonial y la dramaturgia, además de ser editora, como coordinadora de publicaciones de la Dirección de Cultura de la Universidad del Zulia, Directora de la Galería Espace Futur Simple de la Alianza Francesa de Maracaibo, cofundadora de la revista Babilonia y de Séptimo Sello Editorial, así como editora de las Colecciones Clandestinas. Residenciada en Caracas, desde 1991, empezaría laborando en el Museo de Arte de la Rinconada. Entre sus libros para niños, podemos citar: El filósofo saltamontes, editado en 2006; Benjamín caballito de mar, editado en Bogotá en 2003; La casa sin sombrero, editado en 2001; Don Beceverio, el guardián del dinero, en coautoria con Víctor Fajardo, editado en 2000; Plegarias en voz baja, editado dos veces, en 1999 y 2000, ésta última en México; Mi bella novia voladora, Premio Nacional de Literatura Infantil Miguel Vicente Pata Caliente, con dos ediciones; y Una señora con sombrero, editado en 1993 y con cinco ediciones, habiendo recibido el Premio “Los Mejores del Banco del Libro” en 1994. Entre sus obras de ensayo tenemos: La vastedad del adiós. Historias sepultadas en un cementerio judío, publicado en 2003; y La instalación: Tácticas y reveses, Premio de Ensayo de la Bienal de Crítica y Ensayo Roberto Guevara, editada en 2002. Entre sus obras de testimonio tenemos: Conversaciones con Armando Scannone, coautoria con Vanessa Rolfini, editada en 2007; Exilio a la vida, testimonios en Venezuela de sobrevivientes de la Shoá, con fotografías de Esso Álvarez, editado en 2006; En idioma de jazz. Memorias provisorias de Jacques Braunstein, editada en 2005; y Clara Zsnajderman, la entereza de un legado, editada en 2005. Ha publicado una obra de teatro Zamuro a Miseria, escenificada por la Sociedad Dramática de Maracaibo en 1990 y editada en 1991 y en narrativa, publicaría la novela corta Carnadas, Mención de Honor en la Bienal Literaria José Ramón Utrera, editada en 1998. Como no somos críticos sino cronistas históricos, y ya muchos ensayistas, críticos y compiladores se han encargado de esa difícil apreciación durante estos veinte años de creación poética, al felicitar a Jacqueline Goldberg por la importancia de haberse reunido veinte años de su poesía, estimulamos a la Gobernación del Estado Zulia, a través de la Secretaría de Cultura del Estado Zulia, a otorgarle, muy merecidamente, el Premio Regional de Literatura “Jesús Enrique Lossada”, al cual ya sido candidata en varias ocasiones, y se ha desechado su postulación, por considerarla muy joven. Actualmente, entrando a la madurez de edad, que siempre la ha tenido en su obra, es el momento de hacerle ese justiciero reconocimiento, ya que creemos, como cronistas de la zulianidad, que es la mejor poetiza zuliana viviente, para Venezuela y el mundo, después de las muertes de Lidda Franco Farías y de Mercedes Bermúdez de Belloso, además de su inmenso trabajo en otros distintos campos del quehacer humano.

LUIS GUILLERMO HERNÁNDEZ

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